La obra

De acuerdo con el lenguaje de la época, el proyecto misionero de Margarita María López de Maturana pretendía dar a conocer a Jesucristo y anunciar el Evangelio, tareas que realizaría básicamente a través de la educación de la mujer —lo habitual entonces entre las instituciones misioneras femeninas—.

ero su objetivo iba mucho más allá de la mera evangelización y educación. Su concepto de misión fue siempre muy amplio. En 1926 fundaba un colegio en Wuhu (China), y mientras el obispo “tiene muy claro que el colegio debe ser para jóvenes de clase alta” ella prefería “que el colegio se abra a todas las clases sociales y que sea gratuito” —como de hecho se haría—. Y cuando en 1934 le proponían “encargarnos en Vitoria de una escuela para hijos de obreros solidarios… miro el proyecto con mucha simpatía por tratarse precisamente de trabajar en el campo obrero”. Sus ojos no enfocaban exclusivamente a los lejanos “infieles”: también en casa se podía “ir de misiones”.

En todas sus fundaciones las Mercedarias Misioneras de Berriz empezaron abriendo escuelas para niñas, aunque luego ampliarían sus horizontes con orfanatos, dispensarios, etc. Pero su objetivo prioritario fueron siempre las mujeres, habitualmente despreciadas en aquellos lugares a los que acudían. No se trataba simplemente de darles una educación, sino de formarlas para que pudieran valerse por sí mismas y, sobre todo, que fueran conscientes de su propia dignidad como mujeres.

Hoy sus actividades han cambiado. Siguen ocupándose de la educación, pero también llevan dispensarios, centros nutricionales, programas de lucha contra el SIDA, casas de acogida para niñas abandonadas; asisten en cárceles, ayudan a los inmigrantes, participan en diversos movimientos ecologistas; y han promovido Comunidades Eclesiales de Base (una especie de aldeas-cooperativas), comunidades interreligiosas integradas por musulmanes y cristianos. Su amplia labor se integra en el movimiento de Justicia, Paz e Integridad de la Creación.